Cuantas veces, no sabes lo que tienes,
hasta que llega el mal y los quebrantos,
cuando arrastra la sombra tristes llantos
y bloquean las canas nuestras sienes.
Con recuerdos pasados te sostienes,
mordidos por el polvo y los espantos,
cuando el tiempo se lleva los encantos,
y añoras el caudal de antiguos bienes.
Todo la rosa mustia de hojas secas
como historia amarilla de la vida,
la que hizo temblar mis ansias frescas.
Hoy contemplo el abismo entristecida,
y el vestigio sonoro de horas tercas,
en rudo despertar, desposeída.
Esa esquina que no tiene nombre de calle
-
Y de repente
estaba allí.
No llegó caminando, no llamó a la puerta.
Apareció
como una grieta en el suelo que no viste venir,
carátula ro...
Hace 12 horas






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